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Todos Santos Tarata

Colindando varias tumbas hacia el pasillo de un camposanto, se escucha de fondo unas voces entremezcladas. Hay distintas tomas fotográficas, éstas hacen distar la complejidad de sentimientos, aquellos que se fusionan con una música de banda para difuntos, lo que para una persona ajena al entorno transmite una sensación de paz.

El matiz de las flores, cercano encanto que realza, en parte, un aire de tristeza, combinados con sensibles fragancias, recordando, al que un día fue un ser muy querido.

Mientras caminamos, un tambor da marcha la melodía de un conjunto de músicos que armonizan y envuelven a todos los que transitan a paso por ahí. Algunas ramas de sauces llorones embellecen con sus sombras a los dolientes, adornan todo el lugar, y buscan conseguir el contacto de la distancia que los separa de nosotros.

Entre tanto, otro grupo de gente se reúne en pequeños círculos alrededor de los sepulcros, adornan una mesa con objetos, comidas, masas y postres exquisitos; para que las almas permanezcan contentas en su llegada aquel día, y retornen al más allá después de que niños con voces angelicales recen un Padre nuestro.

Todo lugar tiene un encanto. Todo sitio que posee gente tan amable en compartir sus vivencias ante desconocidos, a veces entrometidos, ven a familias reunirse en los cementerios para transmitir reciprocidad a sus familiares fallecidos.

Todo ello se une en un sentimiento que emana en la celebración de Todos los Santos en el pueblo de Tarata.

 

Texto: Nemesio Lutina | Edición: Jhade Cruz
Fotografía: Dorian López, Valeria Antezana  y Nemesio Lutina